Noticias

Adorni no pasó el test de credibilidad ante la opinión pública y la crisis salpica a Milei


Manuel Adorni ya perdió la batalla más importante: la de la opinión pública. Todavía tiene chances de «zafar» ante las acusaciones por enriquecimiento ilícito y hasta es posible que el no sea demasiado oneroso el costo fiscal por la evasión que admitió haber cometido. Pero él mismo dejó en claro que lo importante era sacarse el mote de «chorro», y eso es lo que no está logrando.

Ni bien finalizó la entrevista televisiva en la que dio sus explicaciones sobre cuál había sido el origen de los dineros con los que compró sus propiedades -y, además, por qué había demorado tanto en presentar la declaración jurada-, quedó en evidencia el «efecto boomerang». Ahora, después de haber hecho su descargo, genera incluso más dudas que antes.

Para empezar, los medios de comunicación salieron de inmediato a buscar a expertos en inversiones de criptomonedas. Y las opiniones fueron unánimes: Adorni no solamente no da el perfil de un inversor cripto, sino que se mostró muy ambiguo respecto de cómo había realizado estas operaciones hace más de una década, cuando no existía la facilidad que hoy ofrecen las plataformas de inversión online y solamente los muy conocedores de la tecnología podían realizar las transacciones.

Saltaron a la vista las ambigüedades y contradicciones, como el hecho de haber empezado a invertir en 2013 y dejado justo en 2018, un año que justo coincide con el período en que estas inversiones no estaban alcanzadas por la legislación impositiva argentina.

Pero, sobre todo, suena raro el hecho de que alguien que no dudó en autocalificarse como «conservador» en materia financiera haya tomado la decisión de invertir todos sus ahorros -u$s200.000- en un activo cuya característica principal, sobre todo en esos primeros tiempos, era la volatilidad, al punto que a una racha de ganancias millonarias le podía seguir un año de desplome.

Para colmo, han circulado videos en los que el propio Adorni decía que hasta el año 2016 era un ignorante sobre Bitcoin, que empezaba a llamar la atención de sus alumnos jóvenes, y que le explicaron a grandes rasgos cuál era el concepto de la moneda digital. Incluso en un video posterior, ya poco tiempo antes de ingresar a la función pública, se mostraba escéptico sobre esas inversiones y manifestaba su temor al «efecto burbuja» en caso de que hubiese poca demanda ante una ola de intentos de reconversión a dólares.

Y, en cualquier caso, sigue sin entenderse por qué Adorni no dijo desde el primer día que tenía inversiones en activos cripto, con lo cual habría acallado las acusaciones sobre enriquecimiento ilícito, y se habría ahorrado la crisis política.

No pasó el test de Bullrich

La conclusión es que el jefe de gabinete no pasó el test de la opinión pública. No sólo no hubo señales de apoyo político por parte de figuras del gobierno, sino que la fisura que se había insinuado hace un mes, cuando Patricia Bullrich le reclamó celeridad en la presentación de la declaración jurada, ahora se agravó.

La senadora contradijo que la situación de Adorni se pudiera calificar como «un error», sino que había una omisión ética que estaba afectando a toda la gestión Milei.

«Nuestro gobierno tiene la moral como política de Estado. Ahora, será la Justicia la que tendrá que determinar», dijo Bullrich. Es una declaración lapidaria porque implica, en primer lugar, que considera que está en riesgo la credibilidad del discurso moralista de Javier Milei. Pero, además, también dio por obvio que la presentación de la declaración jurada no pondrá un final a las sospechas de delito, que es lo que Adorni había planteado.

Desde el punto de vista del jefe de gabinete, su única falta fue haber ahorrado en negro, «como el 99% de los argentinos» ante el temor de confiscaciones impuestas a quienes tuvieran dólares en el sistema bancario. Hubo allí un intento de empatía con la clase media, que mantiene bajo el colchón más de u$s200.000 millones en billetes verdes y fuera del radar de ARCA. Pero no está dando resultado.

¿Sigue el riesgo de causa por corrupción?

En la estrategia de Adorni, el hecho de admitir esa falta y manifestarse dispuesto a pagar, con retroactividad, intereses y multas, los gravámenes correspondientes a Ganancias y Bienes Personales, debería dar por terminada la discusión penal. En síntesis, que al aceptar su condición de ahorrista en negro, quedaría excluida la acusación de ser funcionario corrupto.

A esta altura, ya quedó claro que esto no será así. La justicia pidió la información a ARCA, y la investigación proseguirá. Por otra parte, también habrá un intento de voto de censura en el Congreso.

Y ya están circulando las teorías sobre cómo se llegó a confeccionar la declaración jurada. Por caso, el diputado Martín Lousteau conjeturó que la demora en la presentación de los documentos obedeció a que los abogados y contadores de Adorni se dedicaron a ubicar a inversores reales en Bitcoin, cuyas operaciones coincidieran, en tiempo y montos, aproximadamente con la historia del jefe de gabinete.

Después de todo, la tecnología blockchain de la criptomoneda garantiza la trazabilidad de las inversiones, pero mostrar las claves de las cuentas no necesariamente constituye una prueba de que Adorni haya sido efectivamente el titular y dueño del capital.

Es por eso que, ahora, empieza otro capítulo de la investigación: cómo fue el procedimiento por el cual el jefe de gabinete reconvirtió las Bitcoin en dólares y cuál fue el destino que les dio. Así todo haya ocurrido al margen del sistema e involucre a «cuevas» cambiarias, eso debe probarse con datos concretos.

Reformas en peligro

La escasa credibilidad de Adorni hizo que lo que en un comienzo fue un tema que sólo interesaba al micromundo de la política y el periodismo, haya tomado dimensiones masivas.

El jefe de gabinete, gracias a la inverosímil historia del pendrive perdido, ha generado numerosos memes y comentarios irónicos en las redes sociales. Se destaca el del Club Sacachispas, que anunció en su cuenta de X que compraría los pases de Kylian Mbappé y de Julián Alvarez. «Nos habíamos olvidado que teníamos un pendrive con criptomonedas», dice el jocoso tuit, que en la tarde del jueves había sido visto por 660.000 personas.

En el plano mediático, donde Adorni dijo haber sido «enjuiciado y condenado» por la prensa opositora al gobierno, se dio un fenómeno inédito: las muestras de indignación fueron mayores entre los periodistas más cercanos a Milei que entre los abiertamente kirchneristas. Conductores de TV en quien el gobierno confiaba cada vez que había que hacer un anuncio público o capear un momento de crisis, hablaron sin medias tintas sobre «las mentiras» del jefe de gabinete.

Y hay, incluso, una creciente presión para que ARCA no acepte a Milei y a su esposa en el nuevo régimen simplificado del impuesto a las Ganancias. El primer motivo es que creen que el gobierno crearía un halo de sospecha sobre toda persona -sobre todo, si son funcionarios-, que se acoja a ese régimen.

Pero, además, la propia ley de presunción de inocencia fiscal -a la que Toto Caputo apuesta como una fuente de «dolarización endógena» que ayude a aumentar la oferta de divisas- podría sufrir un revés. Ahora le resultará mucho más redituable a la oposición argumentar que se trata de una mala ley que, bajo la promesa de ayudar a los pequeños ahorristas, busca en realidad dar una protección a grandes evasores.

El resultado es que, ante la eventualidad de un triunfo opositor en las presidenciales de 2027, haya probabilidades de que esa ley se anulada o reformada.

Adorni le sale caro a Milei

La gran pregunta es cómo sigue la situación. Adorni prometió que retomaría sus conferencias de prensa en la Casa Rosada. Lo hizo bajo el supuesto de que, una vez presentada la declaración jurada, ya no se debería someter a interrogatorios sobre su patrimonio por parte de los periodistas.

Sin embargo, las primeras señales apuntan exactamente a lo contrario: es probable que, como le pasó en sus últimas conferencias, Adorni no logre instalar nuevos temas en la agenda pública, y que los periodistas sigan hurgando en su situación personal.

En cuanto a la situación interna del gobierno, todo parece más tenso que antes. Para empezar, Adorni dejó mal parado al presidente. Primero porque lo contradijo al afirmar que Milei no había leído su declaración jurada. Y, sobre todo, porque está fresco el recuerdo del 29 de abril, cuando el jefe de gabinete hizo su informe en la cámara de Diputados, y afirmó no haber ocultado ningún dato sobre su situación patrimonial -donde faltaban los u$s500.000 que recién se «blanquearon». Milei estaba en el palco, junto a varios ministros.

Ya en las primeras semanas posteriores a las primeras situaciones irregulares -como la del viaje en avión privado a Punta del Este-, las encuestas evidenciaron que el «affaire Adorni» había salpicado la credibilidad de todo el gobierno. La intención de voto de Milei cayó abruptamente y la palabra «corrupción» volvió a estar entre las tres más mencionadas en el ranking de preocupaciones de los argentinos -las otras dos son inflación e inseguridad-.

Y, si alguna prueba faltaba para notar que la crisis ya no sólo afecta el discurso de moralidad en la gestión sino que invadió otras áreas del gobierno, alcanza con comprobar cómo Adorni llegó a eclipsar dos excelentes noticias, que en otras circunstancias habrían acaparado la atención: un IPC de 2,1% en mayo y una abrupta caída en el índice de riesgo país.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Close
Portal del Contador Público
Para crecer hay que compartir